Martes, 10 Septiembre 2019 13:36

“Mujeres: Rebeldes y Visionarias”.

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La Dra. María Leoba Castañeda Rivas, ex directora de la Facultad de Derecho de la UNAM, presentó su libro “Mujeres Rebeldes y Visionarias”. Estuvo acompañada del Dr. Raúl Contreras Bustamante. Director de la Facultad de Derecho de la UNAM, la Dra. Yasmín Esquivel Mossa. Ministra de la Suprema Corte de Justicia, la Dra. Annaliza Verza, Profesora e investigadora de la Universidad de Bologna, Italia y la Mtra. Marisela Morales Ibañez, Primera Procuradora General de la República. La Dra. Yasmín Esquivel Mossa. Ministra de la Suprema Corte de Justicia, al hacer uso de la palabra dijo: “Me es muy grato estar en la presentación de un libro que, sin duda, se convertirá en un referente en los estudios de género tanto de América Latina como de Europa. No sorprende la seriedad y el rigor metodológico que se manifiesta en el tratamiento de los cuatro capítulos que componen la obra considerando la experiencia, la trayectoria y la solidez académica de la doctora María Leoba Castañeda Rivas. El análisis histórico y sociológico con el que comienza su investigación permite advertir con claridad que los roles de lo femenino y lo masculino no están dados por naturaleza, sino que son una construcción cultural que ha legitimado la generación de una desigualdad irracional y carente de justificación, entre mujeres y hombres, la cual, podría explicar la deshumanización que, hasta el día de hoy, percibimos de forma global. De forma equilibrada, en la obra se expone la importancia que el derecho tiene para fomentar un cambio en las pautas de relación que hacen que surjan y se mantengan los estereotipos de género. De forma destacada, su autora hace referencia a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, impulsada por Eleanor Roosevelt, como el primer documento en el que, con posterioridad a la Segunda Gran Guerra, se reconoció expresamente por la comunidad internacional, la dignidad y el valor de las personas y la igualdad de derechos de mujeres y hombres. Del mismo modo, menciona la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, como el primer instrumento convencional donde se reconoció la desigualdad y la discriminación en que viven las mujeres en el mundo. Poniendo en su exacto lugar las posibilidades que tiene el derecho, tanto doméstico como internacional, para abatir la inequidad que prevalece entre mujeres y hombres, la autora no pasa por alto que las políticas públicas de prevención constituyen una de las principales herramientas para abatir la discriminación y la violencia que, de forma cotidiana, las mujeres padecemos en las calles, en nuestros trabajos e, incluso, en la intimidad de nuestro hogar. El libro tiene innumerables virtudes, pero la mayor, es que invita a la reflexión. Quisiera aprovechar este momento para compartir con ustedes, algunas de ellas. De acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud, catorce de los veinticinco países del mundo con las más altas tasas de feminicidio se encuentran en el Continente Americano, donde tristemente nuestro país tiene un lugar destacado. Si analizamos los datos del Secretariado Nacional de Seguridad Pública de los últimos cinco años, vemos que las cifras por ese delito van en constante aumento, lo mismo que el de las lesiones dolosas y el secuestro donde las víctimas son mujeres. Los reportes de llamadas de emergencia relacionados con incidentes de violencia a la mujer suben año tras año, lo cual confirma los datos de la más reciente Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares del INEGI, donde se señala que más del sesenta por ciento de mujeres mayores de quince años en el país han sufrido, al menos, un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o de discriminación a lo largo de su vida. Si las cifras oficiales resultan alarmantes, el panorama empeora si consideramos que la mayoría de los delitos contra las mujeres no se denuncia por lo que no entran en las estadísticas. El delito de violación es uno de ellos. Se estima que su cifra negra es superior al setenta por ciento, lo que corroboraría los estimados que hace la Secretaría de Salud de que, en promedio, una mujer es violada cada cuatro minutos. En los delitos contra las mujeres, existen otras víctimas que también han quedado invisibilizadas: Las hijas e hijos de las mujeres asesinadas por cuestión de género. Asombra que no exista alguna política pública integral que específicamente esté destinada a atender a ese sector de la población. Solo once de las treinta y dos entidades federativas señala que han brindado alguna atención a quienes han quedado en situación de orfandad a causa de un feminicidio. La cifra de 238 huérfanos que reportan las entidades federativas resulta poco creíble, cuando el Instituto Nacional de las Mujeres señala que el cálculo inicial de niños que han perdido a su madre por ese delito es de, al menos, tres mil cuatrocientos infantes, aunque la cifra oficial se desconoce, pues será hasta el año 2020, cuando se sabrán los resultados del censo que llevará a cabo esa institución. El 16 de noviembre de este año, se cumplirá una década de la histórica sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos conocida como “Caso González y otras (Campo algodonero) vs. México”. Ahí, se consideró responsable al Estado mexicano por el cúmulo de irregularidades y omisiones en la investigación de los feminicidios de Laura Berenice Ramos, Claudia Ivette González y Esmeralda Herrera Monreal. Ellas solo fueron tres de las muchas jóvenes mujeres de Ciudad Juárez que vieron truncada su vida y, que fueron sus familiares revictimizadas por las autoridades del Estado Mexicano al no actuar con prontitud y diligencia para hacerles justicia. Al volver a leer la sentencia de “campo algodonero”, podemos percatarnos que, quizá, poco haya cambiado en la última década. Increíblemente es común que las autoridades continúen culpando a las mujeres de la violencia que experimentan. Lo anterior, no es privativo de México, ni exclusivo de América Latina, lamentablemente es un fenómeno global. En España, el caso de la violación tumultuaria de la que fue víctima una joven en el año de 2016, mejor conocido como “la Manada”, mostró los prejuicios que siguen manteniendo los jueces para valorar las pruebas de un delito que, como la violación, ya de por sí es difícil de acreditar. La defensa de los acusados quiso responsabilizar a la víctima por la actitud que mantuvo durante el ataque, queriendo encontrar en su comprensible pasividad, un signo de aceptación a los ultrajes que sufrió. El fallo de la Audiencia Provincial de Navarra fue duramente criticado por la sociedad barcelonesa, quien bajo la proclama de “Yo sí te creo”, fue un factor importante para la posterior rectificación de la sentencia por el Tribunal Supremo. Salir de noche, vestir de un modo determinado, divertirse tomando unas copas, o simplemente caminar por las calles, absurdamente puede ser tomado como causas que justifican el que las mujeres sean víctimas de violencia. Por el diseño institucional que tienen las Comisiones de Derechos Humanos y las Comisiones Ejecutivas de Atención a Víctimas, no han podido satisfacer con la prontitud deseada la urgencia del problema. Es necesario poner el acento en acciones de prevención y de acompañamiento inmediato a todas y todos quienes son víctimas de la violencia cometida por razón de género. La autora del libro nuestra queridísima amiga la Dra. Leoba Castañeda Rivas hace todo un análisis de la histórica lucha de las mujeres en todos los puntos del orbe por exigir su respeto y su reconocimiento en una sociedad en la que parecemos ser cada día más transparentes. Sin duda alguna la obra de la Dra. Leoba Castañeda Rivas nos hace reflexionar en nuestro papel el día de hoy, que no se reduzca a una expresión digital si no que se continúe con este impulso femenino en todas sus manifestaciones. Por mi parte, mantendré mi solidaridad y apoyo a las manifestaciones de esas “mujeres rebeldes y visionarias” de la gran abogada y amiga María Leoba Castañeda Rivas. Muchas gracias
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